Documental
VENEZUELA EN RETROSPECTIVA
PROCLAMA Del General Libertador a los habitantes de Caracas.
PROCLAMA
Del General Libertador a los habitantes de Caracas.
Caraqueños.- Una victoria final ha terminado la guerra de
Venezuela. Sólo una plaza fuerte nos queda que rendir. Pero la paz, más
gloriosa que la Victoria, debe ponernos en posesión de las plazas y de
los corazones de nuestros enemigos. Todo se ha hecho por adquirir la
libertad, la gloria y el reposo; y todo lo tendremos en el curso del
año.
Caraqueños.- El Congreso General con su sabiduría os ha dado leyes capaces de hacer vuestra dicha. El exército LIBERTADOR con su virtud militar os ha vuelto á la patria. Ya, pués, sois libres.
Caraqueños.- La unión de Venezuela, Cundinamarca, y
Quito, ha dado un nuevo realce á vuestra existencia política, y
cimentado para siempre vuestra estabilidad. No será Caracas la capital
de una República; será, si, la capital de un vasto departamento
gobernado de un modo digno de su importancia. El Vice Presidente de
Venezuela goza de las atribuciones que corresponden a un gran
Magistrado; y en el centro de la República encontrareis una fuente de
justicia siempre derramando la beneficiencia por todos los ángulos de la
patria.
Caraqueños.- Tribulad vuestra gratitud a los Sacerdotes
de la ley, que desde el santuario de la justicia os han enviado un
código de igualdad y de libertad.
Caraqueños.- Tributad vuestra admiración a los héroes que han creado a Colombia.
Cuartel General LIBERTADOR en Caracas 30 de Junio de 1821.-11°.-BOLIVAR.
1821: BATALLA DE CARABOBO-Parte del Sr. Ministro de Guerra y Marina.
BATALLA DE CARABOBO
Parte del Sr. Ministro de Guerra y Marina el Excmo. Sr. Vice Presidente interino de la República.
REPÚBLICA DE COLOMBIA.
MINISTERIO DE GUERRA Y MARINA.
EXERCITO LIBERTADOR.
Cuartel General de Caracas 29 de Junio de 1821-11°
Al Excmo. Sr. Vice Presidente interino de la República.
Desde el Tocuyito tuve la satisfacción de participar por una circular
la gloriosa Victoria de Carabobo, y previne se transmitiese a V.E. tan
pausible noticia. Las rápidas marchas que ha hecho S.E. y la multitud de
atenciones de que he estado rodeado, me habían impedido hasta ahora
cumplir con el agradable deber de dar a V.E. algunos detalles sobre
aquella célebre jornada y las posteriores operaciones del exército.
El enemigo, concentrado en Carabobo desde que fue expulsado de San
Carlos, extendía sus partidas de observación hasta el Tinaquillo, lo que
le daba la ventaja de saber muy anticipadamente nuestra aproximación,
que deseaba S.E. ocultarle, para no darle tiempo de reunir las fuerzas
que el Sr. General Bermudez había atraído sobre Caracas, y el Sr.
Coronel Carrillo sobre San Felipe. Con este intento marchó el Teniente
Coronel Silva el 19 con un destacamento a sorprehender y apresar la
descubierta que diariamente hacia el enemigo hasta el Tinaquillo. El
Comandante Silva llenó tan completamente su comisión, que apenas pudo
escapar un soldado de los que formaban la descubierta enemiga. El
Comandante de ella y cuatro hombres más murieron en el acto: los demás
quedaron prisioneros. Este suceso aterró de tal modo al enemigo, que
hizo retirar inmediatamente un fuerte destacamento con que cubría el
inaccesible desfiladero de Buenavista. El 23 se reunió en la marcha todo
el exército que se había movido en divisiones, y al amanecer del 24
nuestra vanguardia se apoderó de Buenavista distante una legua de
Carabobo. De allí observamos que el enemigo estaba preparado al combate,
y nos esperaba formado en seis fuertes columnas de infantería y tres de
caballería, situadas de manera que mutuamente se sostenían para impedir
nuestra salida a la llanura. El camino estrecho que llevábamos no
permitía otro frente que para desfilar, y el enemigo no solamente
defendía la salida al llano, sino que dominaba perfectamente el
desfiladero con su artillería, con una columna de infantería que cubría
la salida y dos que la flanqueaban por derecha é izquierda. Reconocida
la posición, S.E. creyó que no era abordable; y observando, por la
colocación del exército Español, que este no temía al ataque sino por el
camino principal de San Carlos ó por el del Pao, que salía a su
izquierda, dispuso que el exército convirtiese su marcha rápidamente
sobre nuestra izquierda, flanqueando al enemigo por su derecha que
parecía mas débil. El Sr. General Paez, que mandaba la primera división,
egecutó el movimiento con una increíble celeridad, despreciando los
fuegos de la artillería enemiga; pero era imposible impedir que el
enemigo no corriese a disputarnos la salida a la llanura. Debíamos
desfilar por segunda vez para atravesar un riachuelo que separaba la
colina en que había desplegado al exército, y la que dominaba el
enemigo. Siendo plana la cumbre de esta, daba al enemigo la ventaja de
moverse fácilmente y de ocurrir a todas partes. Así fue, que a pesar de
la sorpresa que causó el exército Español nuestro movimiento, pudieron
algunos de sus cuerpos llegar a tiempo que empezaba el batallón de Apure
a pasar el desfiladero. Allí se rompió el fuego de infantería sostenido
vigorosamente por ambas apartes. El batallón de Apure, que logró al fin
pasar, no pudo resistir solo la carga que le dieron. Ya plegaba cuando
llegó en su auxilio el batallón Británico que le seguía. El enemigo
había empeñado en el combate cuatro de sus mejores batallones contra uno
solo del exército LIBERTADOR, y se lisonjeaba de obtener con todos
nuestros cuerpos el mismo suceso que con el primero que había contenido.
La firmeza del batallón Británico para sufrir los fuegos hasta que se
formo, y la intrepidez con que cargó a la bayoneta, sostenido por el
batallón de Apure, que se había rehecho, y por dos compañías del de
Tiradores, que oportunamente condujo al fuego su Comandante el Teniente
Coronel Heras, decidieron la batalla. El enemigo cedía el terreno,
aunque sin cesar sus fuegos. Nuestro batallones avanzaban, y apoyados
por el primer escuadrón del regimiento de Honor del Sr. General Paez y
por el estado mayor de este General desalojaron completamente al enemigo
de la altura. El exército pasaba rápidamente el desfiladero por dos
estrechas sendas; y el enemigo aunque desalojado de su primera posición,
había podido rehacerse, y procuró aprovechar el momento de hacer una
nueva carga con su caballería mientras que nuestros piquetes de esta
arma que habían pasado, perseguían y despedazaban a sus batallones que
huían. Algunos de nuestros piquetes de caballería del primer escuadrón
del regimiento de Honor y el estado mayor del Sr. General Paez, se
reunieron en número de 80 ó 100 hombres, y ellos solos bastaron para
rechazar y poner en derrota toda la columna de caballería enemiga. Desde
este momento el triunfo quedó completo. El enemigo no pensó sino en
huir y salvarse. Nuestra caballería que sucesivamente iba recibiendo
refuerzos de todos los escuadrones que pasaban el desfiladero, hizo la
persecución con un vigor extraordinario. Batallones enteros se tomaron
prisioneros: otros arrojando sus armas se dispersaron disueltos por los
bosques.
Los dos batallones enemigos que habían quedado cubriendo el camino
principal de San Carlos y flanqueándolo por la derecha no entraron en
combate y pretendieron retirare en masa. Nuestra caballería procuró
entretenerlos mientras salía la infantería; pero no logró sino
obligarlos a que precipitasen la retirada y perdiesen algunos hombres
que se dispersaban. Hasta las inmediaciones de Valencia vino el exército
persiguiendo la columna; y fue en esta operación donde el ardor de
nuestros gefes y oficiales de caballería hizo sensible nuestra pérdida.
Como nuestra infantería estropeada con las largas marchas que había
hecho durante la campaña, no podía sostener el paso de trote que llevó
el enemigo por seis leguas, nuestra caballería se empeño en entretenerlo
para dar tiempo que llegasen algunos batallones. A veces las
escaramuzas se convertían en cargas que aunque costaron bastante al
enemigo, causaron a la República el grave dolor de perder a uno de sus
más esclarecidos generales, y al bravo Teniente Coronel Mellao que
mandaba los Dragones de la Guardia. La columna enemiga se había
defendido valientemente a pesar de que se había disminuido mucho. S.E.
temió que si entraba a Valencia, no era posible impedirle el pasa o
Puerto Cabello, y a una legua de aquella ciudad hizo que los batallones
Rifles y Granaderos de la Guardia montasen a caballo y fuesen al galope
en su alcance. Casi al entrar a las primeras calles de aquella ciudad
tuvieron nuestros granaderos la fortuna de alcanzarla; pero apenas se
vió cargada por ellos cuando se dispersó y desapareció del todo.
Valencia fué ocupada en el acto, y algunos destacamentos siguieron hasta
Naguanagua persiguiendo a los gefes Españoles que huían hacia Puerto
Cabello.
Por los prisioneros tomados supo S.E. que el día antes de la batalla
había marchado el Coronel Español Tello con los batallones Navarra y
Barinas a reforzar a San Felipe, ignorando el enemigo que la columna del
Sr. Coronel Carrillo la había ocupado ya. S.E. destacó del Tocuyito al
Teniente Coronel Heras con tres batallones a tomar la espalda de Tello, y
cooperar a batirlo con el Sr. Coronel Carrillo. Aun no se sabe el
resultado final de esta operación, que tal vez queda sin efecto, porque
Tello emprendió su retirada sobre Puerto Cabello antes de que nuestras
tropas lo avistasen.
Al amanecer del 25 marcho el Sr. Coronel Rangel a establecer el
bloqueo de Puerto Cabello, y desde el 26 quedó formada la línea de
simple bloqueo, porque era preciso aguardar el complemento de nuestras
operaciones para estrecharla y formarla de sitio.
Por la tarde del 25, después de haber arreglado el Gobierno de
Valencia, organizado de nuevo el exército, y destacado algunos cuerpos
sobre Calabozo y el Pao a perseguir los dispersos que hubiesen tomado
aquellas direcciones, marcho S.E. sobre esta capital con tres batallones
de su guardia y el regimiento de Honor del Sr. General Paez. Su objeto
era tomar la espalda de la división con que el Coronel Español Pereira
perseguía al Sr. General Bermudez sobre los Valles del Tuy. No me es
posible informar aun a V.E.
de los prodigios que este célebre General ha obrado con una pequeña
división por esta parte, en cumplimiento de las órdenes que tenía. Basto
decir a V.E. que los pueblos y el enemigo están asombrados, y no
alcanzan a expresar toda su admiración, ni decidir si han sido mayores
su valor y su audacia, o su prudencia y habilidad. Esperamos por
momentos su arribo a esta ciudad, y entonces impuesto detenidamente de
sus operaciones, tendré la satisfacción de comunicarlas a V.E.
El Coronel Pereira, al saber la derrota del exército Español, replegó
sobre esta capital, y envió una partida de húsares sobre los valles de
Aragua a saber nuestra situación. La partida fué sorprehendida y
apresada por un piquete de lanceros del regimiento de Honor que se había
adelantado ya de San Pedro. Pereira se retiró, sin esperar más
resultados, sobre la Guaira; pero sabiendo en el tránsito que no había
en aquel puerto buques en que embarcarse, convirtió su marcha hacia
Carayaca, buscando algún camino que lo conduzca a Puerto Cabello por la
costa. No habiendo hallado ninguno, ha emprendido la retirada por los
montes elevados y espesos bosques que dividen del mar a los valles de
Aragua. El Sr. Coronel Manrique con dos batallones y un trozo de
caballería había ido a buscarlo a Carayaca; pero instruido de la
dirección que lleva, se ha puesto en su persecución El Comandante
Arguindegui quedo en los valles de Aragua con su batallón para cortar a
Pereira por cualquiera vía que tome, bien sea por la costa ó por la
cordillera. Si recibe oportunamente los avisos que se le han dirigido,
puede asegurarse la absoluta destrucción de aquella división, que de
1.500 hombres, queda ya reducida a 600 por las pérdidas en los combates
frecuentes con el Sr. General Bermudez y por las deserciones que ha
sufrido en la retirada.
S.E. tuvo la particular satisfacción de entrar solo con su E.M y el
del Sr. General Paez en esta capital el 29. El pueblo, que acababa de
ser evacuado el día anterior, había estado desierto hasta la hora en que
el Edecan Ibarrase presentó en medio de el a anunciar la aproximación
de S.E. No hubo tiempo de que se hiciesen otros preparativos que los del
corazón, y ha sido este el modo con que Caracas ha expresado más
vivamente sus sentimientos de gratitud y amor al Libertador de la
Patria, y su ardiente entusiasmo por la libertad. Las calles desiertas
dos horas antes se vieron de repente llenas de una concurrencia numerosa
é inmensa: las casas cerradas se abrieron y se iluminaron. S.E. entró
en medio de las aclamaciones y transportes de un pueblo que enagenado de
placer corría en tropel a participar de la felicidad de volver a ver,
de estrechar y abrazar mil veces al Padre de la Patria. Mujeres y
hombres, niños y ancianos iban mezclados confundiendo sus vidas. Hasta
las doce de la noche no cesó de renovarse el concurso en la casa y fue
preciso cerrarla al fin para poderse ocupar S.E. de algunos negocios
importantes. Al amanecer se ha repetido la escena de la noche y ha
continuado todo el día.
El Edecan Ibarra marchó esta mañana a apoderarse de la Guaira que
está evacuada, y se ha participado ya su entrada allí sin novedad.
V.E. extrañará que no haya recomendado particularmente a ningún gefe
ni oficial en la batalla, porque seria necesario insertar en este parte
los nombres de todo el exército, ó por lo menos los de toda la primera
división y de todos los gefes de las otras.
Generales, gefes, oficiales y tropas, todos indistintamente se han
manifestado en este memorable día, dignos defensores de la República.
Dios dé a V.E. muchos años.
El Ministro,
Pedro Brizeño Méndez
24 de Junio1821: 2º Batalla de Carabobo "Venezuela Libre"
AÑO 1821
| Miguel de La Torre |
| Simón Bolívar |
Los preparativos para la segunda Batalla de Carabobo comenzaron a finales de mayo de 1821. Simón Bolívar, recordando su gloriosa campaña admirable, había creado una gran estrategia para finiquitar la independencia en la sabana de Carabobo, lugar que le parecía ideal ya que en 1814, le había propinado una tremenda derrota a los realistas en la primera batalla de Carabobo ocurrida el 28 de mayo de 1814.
En el marco de esta estrategia, Bolívar planificó que Bermúdez, al mando de un segundo ejército, avanzara desde el oriente hasta Caracas con la finalidad de que Miguel de la Torre dividiera su ejército al tener que enviar parte de sus tropas para defender Caracas. "La distracción de Bermúdez" funcionó a la perfección. Consistia en mover las tropas, avanzando sobre Caracas, La Guaira y los Valles de Aragua que obligó a La Torre a enviar unos dos batallones de infantería y escuadrón de caballería a Barquisimeto en su contra para recobrar las posiciones y asegurar su retaguardia,6 unos mil combatientes. El ejército rebelde avanzó de San Carlos a Tinaco cubierto por la avanzada del coronel José Laurencio Silva, que tomó las posiciones leales en Tinaquillo. El 20 atraviesa el ejército rebelde el río Tinaco y el 23 Bolívar pasa revista a sus fuerzas en la sabana de Taguanes.
En el marco de esta estrategia, Bolívar planificó que Bermúdez, al mando de un segundo ejército, avanzara desde el oriente hasta Caracas con la finalidad de que Miguel de la Torre dividiera su ejército al tener que enviar parte de sus tropas para defender Caracas. "La distracción de Bermúdez" funcionó a la perfección. Consistia en mover las tropas, avanzando sobre Caracas, La Guaira y los Valles de Aragua que obligó a La Torre a enviar unos dos batallones de infantería y escuadrón de caballería a Barquisimeto en su contra para recobrar las posiciones y asegurar su retaguardia,6 unos mil combatientes. El ejército rebelde avanzó de San Carlos a Tinaco cubierto por la avanzada del coronel José Laurencio Silva, que tomó las posiciones leales en Tinaquillo. El 20 atraviesa el ejército rebelde el río Tinaco y el 23 Bolívar pasa revista a sus fuerzas en la sabana de Taguanes.
Preparación de ambos ejércitos
Previo al combate, Miguel de la Torre distribuyó sus fuerzas de manera tal que cubrieran por el oeste el camino de San Carlos, y por el sur el de El Pao. La primera línea defensiva fue confiada a la Primera División dirigida por el Teniente Coronel Tomás García, la cual se organizó en tres batallones principales. El batallón de Valencey a cargo del Teniente Coronel Andrés Riesco, ocupó la parte sur del camino; a su derecha se situó el batallón Hostalrich comandado por el Teniente Coronel Francisco Illas, en columna de marcha detrás de las anteriores. Además de esto, dos piezas de artillería fueron colocadas en una pequeña altura, delante de la línea formada por el Valancey y el Barbastro. La posición correspondiente a la vía de El Pao fue ocupada por la División de Vanguardia liderada por el Brigadier Francisco Tomás Morales, quien contaba con dos batallones principales y uno de reserva. Primero tomó posiciones el batallón ligero del Infante, a cargo del Teniente Coronel Simón Sicilia; e inmediatamente detrás de esta unidad se situó el batallón ligero del Príncipe. La reserva quedó integrada por el segundo batallón del Burgos, bajo la jefatura del Teniente Coronel Joaquín Dalmar, quien disponía de cuatro regimientos de caballería. En cuanto al cuartel general, el mismo quedó establecido cerca del batallón Burgos.
El 15 de junio de 1821, Bolívar reorganizó el ejército rebelde en tres divisiones. La primera a cargo de José Antonio Páez, y formada por los batallones Bravos de Apure (gobernada por el Teniente Coronel Francisco Torres) y los mercenarios ingleses agrupados en el batallón Cazadores Británicos (al mando del Coronel Thomas Ildeston Farriar); además de 7 regimientos de caballería. La segunda, comandada por el General de División Manuel Cedeño, y constituida por los batallones Tiradores (dirigido por el Teniente Coronel Ludwig Flegel), y Vargas (Teniente Coronel Antonio Gravete), a lo que se sumaba un escuadrón de caballería. La tercera, bajo las órdenes del Coronel Ambrosio Plaza y constituida por 4 batallones: El Rifles a cargo del Teniente Coronel Arthur Sandes, Granaderos al mando del Coronel Francisco de Paula Vélez, Vencedor de Boyacá dirigido por el Coronel Johann von Uslar y el Anzoátegui, comandado por el Coronel José Maria Arguidegui; completado todo esto por un regimiento de caballería.
En San Carlos se unieron los 3000-3500 hombres de Bolívar, junto a 2500 refuerzos traídos por Páez, y a principios de Junio, bajo el mando supremo del Libertador, el ejército patriota que constaba de 6500 hombres aproximadamente, avanzó hacia el ejército de La Torre, de unos 4500 según las estimaciones históricas, el cual permanecía en Los Valles de Aragua. El 23 de junio, ambos ejércitos se encontraban en las cercanías de la Sabana de Carabobo. Bolívar decide que Páez, al mando del batallón Bravos de Apure, sea el comandante de la batalla. Otros datos indican lo siguiente:
El 15 de junio de 1821, Bolívar reorganizó el ejército rebelde en tres divisiones. La primera a cargo de José Antonio Páez, y formada por los batallones Bravos de Apure (gobernada por el Teniente Coronel Francisco Torres) y los mercenarios ingleses agrupados en el batallón Cazadores Británicos (al mando del Coronel Thomas Ildeston Farriar); además de 7 regimientos de caballería. La segunda, comandada por el General de División Manuel Cedeño, y constituida por los batallones Tiradores (dirigido por el Teniente Coronel Ludwig Flegel), y Vargas (Teniente Coronel Antonio Gravete), a lo que se sumaba un escuadrón de caballería. La tercera, bajo las órdenes del Coronel Ambrosio Plaza y constituida por 4 batallones: El Rifles a cargo del Teniente Coronel Arthur Sandes, Granaderos al mando del Coronel Francisco de Paula Vélez, Vencedor de Boyacá dirigido por el Coronel Johann von Uslar y el Anzoátegui, comandado por el Coronel José Maria Arguidegui; completado todo esto por un regimiento de caballería.
En San Carlos se unieron los 3000-3500 hombres de Bolívar, junto a 2500 refuerzos traídos por Páez, y a principios de Junio, bajo el mando supremo del Libertador, el ejército patriota que constaba de 6500 hombres aproximadamente, avanzó hacia el ejército de La Torre, de unos 4500 según las estimaciones históricas, el cual permanecía en Los Valles de Aragua. El 23 de junio, ambos ejércitos se encontraban en las cercanías de la Sabana de Carabobo. Bolívar decide que Páez, al mando del batallón Bravos de Apure, sea el comandante de la batalla. Otros datos indican lo siguiente:
Fuerzas presentes en el combate
Los cálculos decimonónicos sobre las fuerzas presentes en Carabobo tienden a ser muy favorables para uno u otro bando, variando mucho entre sí. Sin embargo, todos reconocen la superioridad numérica de los independentistas. La de Alison da 4.000 para La Torre y 8.000 para Bolívar, de estos últimos 1.200 eran miembros de la Legión británica y 3.000 de caballería llanera comandada por Paéz. Mosquera cifra al ejército grancolombiano en 9.000 ó 10.000 hombres pero Mulhall lo rebaja a 7.500. Incluso Karl Marx reconoce la superioridad numérica grancolombina: 1.500 jinetes y 2.500 infantes realistas contra 3.000 jinetes y 6.000 infantes (1.100 británicos) patriotas. Por su parte, Dromundo eleva la cifra de infantes realistas a 3.500 aunque conserva la de jinetes. Lo mismo hace López.
Estimaciones modernas en cambio discrepan de dichas cifras. Zamora habla de solo 4.300 realistas y 6.500 republicanos. Respecto de esta última cifra coincide con la de Bushnell, 2.500 jinetes y 4.000 infantes. López habla de 4.000 infantes y 2.300 jinetes. Sinclair estima el ejército revolucionario en 10.000 combatientes, 3.000 jinetes y el resto infantes. De Armas Chitty da unas cifras muy similares a las de Marx respecto de la tropa realista: 2.566 infantes, 1.651 jinetes y 62 artilleros con 2 cañones.1
La Batalla
Estimaciones modernas en cambio discrepan de dichas cifras. Zamora habla de solo 4.300 realistas y 6.500 republicanos. Respecto de esta última cifra coincide con la de Bushnell, 2.500 jinetes y 4.000 infantes. López habla de 4.000 infantes y 2.300 jinetes. Sinclair estima el ejército revolucionario en 10.000 combatientes, 3.000 jinetes y el resto infantes. De Armas Chitty da unas cifras muy similares a las de Marx respecto de la tropa realista: 2.566 infantes, 1.651 jinetes y 62 artilleros con 2 cañones.1
La Batalla
Bolívar dirigiendo la batalla junto a su estado mayor.
Despliegue y primeras maniobras
A primera hora del 24 de junio, desde las alturas del cerro Buenavista, Bolívar hizo un reconocimiento de la posición de los españoles y llegó a la conclusión de que ésta era inexpugnable por el frente y por el sur. En consecuencia, ordenó que las divisiones modificaran su marcha por la derecha y se dirigieran al flanco derecho realista, el cual estaba descubierto; es decir, Bolívar concibió una maniobra tendiente a desbordar el ala izquierda enemiga, operación ejecutada por las divisiones de Páez y Cedeño, en tanto que la separación de Plaza seguía por el camino hacia el centro de la posición de ataque.
Despliegue y primeras maniobras
A primera hora del 24 de junio, desde las alturas del cerro Buenavista, Bolívar hizo un reconocimiento de la posición de los españoles y llegó a la conclusión de que ésta era inexpugnable por el frente y por el sur. En consecuencia, ordenó que las divisiones modificaran su marcha por la derecha y se dirigieran al flanco derecho realista, el cual estaba descubierto; es decir, Bolívar concibió una maniobra tendiente a desbordar el ala izquierda enemiga, operación ejecutada por las divisiones de Páez y Cedeño, en tanto que la separación de Plaza seguía por el camino hacia el centro de la posición de ataque.
Flanqueo de la 1.ª. División y contraataque del Burgos
Al darse cuenta la Torre de la maniobra de los rebeldes, ordenó al batallón Burgos que marchase al norte a ocupar la altura hacia el Bravos de Apure, cabeza de la primera división, el cual después de cruzar el riachuelo de Carabobo, trataba de escalar la pendiente que lo llevaría a la parte plana de la sabana. Tan violento fue el contraataque del Burgos, que el Bravos de Apure tuvo que replegarse por dos veces. La situación cambió cuando una unidad que lo seguía, el batallón Cazadores Británicos, se enfrentó y lo obligó a retroceder. En esta acción, el Batallón Británico demostró una gran valentía y sangre fría, soportando cada una de las cargas del ejército leal, perdiendo a su comandante Tomás Farriar y a 17 de sus oficiales superiores, pero permitiendo a los "Bravos de Apure", liderados por Páez, reorganizarse y contraatacar de forma efectiva. Por su parte, los batallones Infante y Hostalrich, entraron en auxilio del Burgos, pero reorganizado el Bravos de Apure y unido al Cazadores Británicos para reanudar el ataque, ayudado por dos compañías del batallón Tiradores, hubo de retroceder de forma ordenada.
El flanco derecho del ejército leal se retira
La primera división fuerza el paso y entra en la sabana de Carabobo
Para detener el repliegue de las unidades realistas que había producido la operación republicana, Torre envió los batallones Príncipe, Barbastro e Infante, los que lograron sostener la línea de combate, pero sólo por breve tiempo, pues el grueso de la caballería de la primera división del ejército patriota entró por el norte de la sabana. Con el fin de hacer frente a este nuevo ataque, la Torre ordenó al Húsares de Fernando VII que cargase contra la caballería rebelde, pero esta unidad se retiró después de disparar sus carabinas.
Retirada de los leales
Al darse cuenta la Torre de la maniobra de los rebeldes, ordenó al batallón Burgos que marchase al norte a ocupar la altura hacia el Bravos de Apure, cabeza de la primera división, el cual después de cruzar el riachuelo de Carabobo, trataba de escalar la pendiente que lo llevaría a la parte plana de la sabana. Tan violento fue el contraataque del Burgos, que el Bravos de Apure tuvo que replegarse por dos veces. La situación cambió cuando una unidad que lo seguía, el batallón Cazadores Británicos, se enfrentó y lo obligó a retroceder. En esta acción, el Batallón Británico demostró una gran valentía y sangre fría, soportando cada una de las cargas del ejército leal, perdiendo a su comandante Tomás Farriar y a 17 de sus oficiales superiores, pero permitiendo a los "Bravos de Apure", liderados por Páez, reorganizarse y contraatacar de forma efectiva. Por su parte, los batallones Infante y Hostalrich, entraron en auxilio del Burgos, pero reorganizado el Bravos de Apure y unido al Cazadores Británicos para reanudar el ataque, ayudado por dos compañías del batallón Tiradores, hubo de retroceder de forma ordenada.
El flanco derecho del ejército leal se retira
La primera división fuerza el paso y entra en la sabana de Carabobo
Para detener el repliegue de las unidades realistas que había producido la operación republicana, Torre envió los batallones Príncipe, Barbastro e Infante, los que lograron sostener la línea de combate, pero sólo por breve tiempo, pues el grueso de la caballería de la primera división del ejército patriota entró por el norte de la sabana. Con el fin de hacer frente a este nuevo ataque, la Torre ordenó al Húsares de Fernando VII que cargase contra la caballería rebelde, pero esta unidad se retiró después de disparar sus carabinas.
Retirada de los leales
Finalmente, atacados de frente por la infantería y por la derecha por la caballería con los Bravos de Apure, junto a su comandante Páez, (algunas fuentes dicen que tuvo uno de sus ataques epilépticos en este momento) le dan la vuelta a la sabana para atacar por el flanco derecho. Páez realiza una furiosa carga final que desarticula por completo a los realistas, los batallones leales optaron por la retirada. Como último recurso, la Torre le ordenó al regimiento de los Lanceros del Rey que atacara a la caballería colombiana, pero esta unidad no sólo desobedeció la orden, sino que huyó ante la embestida de las fuerzas de Bolívar. Al entrar la batalla en su fase final, el 1.º de Valencey forma cuadro y comienza a retirarse, los rebeldes iniciaron una tenaz persecución del ejército leal, la cual fue llevada a cabo hasta Valencia. De los 4.279 efectivos que participaron en la batalla de Carabobo, los leales perdieron dos oficiales superiores, 120 subalternos y 2.786 soldados. Por su parte, las bajas de los rebeldes también fueron cuantiosas. El resto del ejército leal terminó refugiándose en Puerto Cabello. La retirada del "Valencey" ha sido catalogada por varios historiadores como "magistral". El mismo Bolívar, en su parte de guerra, reconoce el valor de sus reales enemigos. En la persecución, perecieron los destacados jefes patriotas Cedeño y Ambrocio Plaza
Recién terminada la Batalla de Carabobo, Simón Bolívar desde las alturas donde dirigía exclama "La victoria se debe al General Páez" y baja al centro de la sabana de Carabobo a encontrarse con su compañero de armas, lo abraza, y ante todo el grupo de soldados que acompañaban a Páez, Bolívar le dice "tú eres el brazo fuerte de la Patria, tú eres Aquiles. Tu presencia en este campo es la Victoria, y la victorioa es la República...A nombre del Congreso de Colombia os doy el grado màs elevado de la milicia, premio de vuestro extraordinario valor y virtudes militares”, y lo asciende a General en Jefe en pleno campo de batalla, finalizando así el día más Glorioso para la historia de Venezuela
Consecuencias
Consecuencias
La batalla de Carabobo fue la acción más importante para la independencia de Venezuela. A pesar de que la guerra proseguiría hasta 1823, debido a que algunos restos de las fuerzas realistas lograron escapar del campo de batalla y lanzarían varias campañas contra el occidente del país, conocidas como la "Campaña de Occidente"; el poder de los españoles en Venezuela estaba liquidado y esto le permitió a Bolívar iniciar las Campañas del Sur mientras que sus subordinados acababan la lucha en Venezuela.
Los últimos focos de resistencia realista cayeron en las campañas posteriores, Cumaná en el oriente fue tomada poco después, el 16 de octubre del mismo año. Mientras que Francisco Tomás Morales logró refugiarse en Puerto Cabello con 2.000 sobrevivientes de Carabobo (más 1.000 hombres de la guarnición local), pronto reunía más de 5.200 hombres reconquistando Maracaibo y Coro el 7 de septiembre y 13 de noviembre de 1822, respectivamente. Tras la derrota realista en la batalla naval del Lago de Maracaibo el 24 de julio de 1823 y el asedio planteado por el general Páez en Puerto Cabello la situación realista se hizo insostenible y tuvieron que evacuar la plaza el 8 de noviembre de 1823, dos días después el castillo de San Felipe fue tomado, acabando así la guerra de independencia en Venezuela.

Los últimos focos de resistencia realista cayeron en las campañas posteriores, Cumaná en el oriente fue tomada poco después, el 16 de octubre del mismo año. Mientras que Francisco Tomás Morales logró refugiarse en Puerto Cabello con 2.000 sobrevivientes de Carabobo (más 1.000 hombres de la guarnición local), pronto reunía más de 5.200 hombres reconquistando Maracaibo y Coro el 7 de septiembre y 13 de noviembre de 1822, respectivamente. Tras la derrota realista en la batalla naval del Lago de Maracaibo el 24 de julio de 1823 y el asedio planteado por el general Páez en Puerto Cabello la situación realista se hizo insostenible y tuvieron que evacuar la plaza el 8 de noviembre de 1823, dos días después el castillo de San Felipe fue tomado, acabando así la guerra de independencia en Venezuela.

La gran victoria de Carabobo
Cedamos la palabra al notable historiador venezolano Rafael María Baralt, para que resuma con su galanura de estilo, la gran victoria de Carabobo. Esta victoria, dice, "obtenida con sólo una parte muy pequeña del ejército colombiano, fue completa y brillante: ella coronó al cabo de once años, la empresa que Caracas empezó el 19 de abril de 1810: fue gloriosa para las armas de la república y su jefe, de gran prez y honor para Páez y de inmortal renombre y fama para la legión británica que contribuyó poderosamente a ella, haciendo prodigios de valor. El congreso, reunido ya en el Rosario de Cúcuta, decretó a Bolívar y al Ejército los honores del triunfo y ordenó que el retrato del hijo ilustre de Caracas fuese colocado en los salones de la Cámara Legislativa con esta inscripción: Simón Bolívar, Libertador de Colombia. En todos los pueblos de la República y en las divisiones de sus ejércitos se dedicaría un día del año de regocijos públicos en honor de la victoria de Carabobo. A Páez se le concedía el empleo de General en Jefe que "por su extraordinario valor y sus virtudes militares, le había ofrecido el Libertador a nombre del Congreso, en el mismo campo de Batalla". Y finalmente, entre otras cosas, se ordenó levantar una columna ática en la llanura de Carabobo para recordar a la posteridad la gloria de aquel día y los nombres de Bolívar, de Cedeño y de Plaza". Hasta aquí el asentamiento de Baralt.
1814: Primera Batalla de Carabobo.
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El ejército español tras haber partido de Coro se detuvo el 16 de mayo en Guataparo, a tan solo siete kilómetros de la ciudad de Valencia, en cuyas cercanías estaba el ejército de Ceballos. Cajigal asumió una posición defensiva, pues deseaba abstenerse de atacar hasta que Boves hubiese penetrado a los valles de Aragua. Bolívar salió de Valencia el 16 de mayo con cuatro divisiones y al día siguiente encontró a Cajigal desplegado en orden de combate en Tocuyito, los patriotas atacaron a la vanguardia enemiga pero Cajigal evitó el combate y se retiró vía San Carlos para dar auxilio al derrotado ejército de Ceballos en su intento de tomar Valencia. Salomón y otros comandantes locales que lo reconocieron como nuevo Capitán General de Venezuela y comandante del ejército realista. Queriendo Bolívar derrotar totalmente al enemigo y no suministrarle pérdidas parciales, se retira a Valencia el 18 de mayo dejando sus posiciones a los realistas para confundirlos y lograr que se descubran. Bolívar retrocedió en Valencia donde tenía una mejor posición estratégica.
El día 20 se presentan éstos frente a Valencia, pero se retiran, apresuradamente sin dar batalla al aparecer el ejército patriota. Esta negación de Cajigal para atacar Valencia se debío a su deseo de esperar unir fuerzas con los llaneros de Boves.
El 25 de mayo una columna del Ejército de Oriente toma la población de Valle de La Pascua, y conociendo los realistas que Bolívar ha salido de Valencia, deciden dar la batalla final pensando que este ejército se ha dividido. Ambas fuerzas se mueven buscando posiciones ventajosas. Bolívar salió el 26 de ese mes con cinco divisiones y con toda la caballería que había en la ciudad y el 28 de mayo se forman en orden de combate uno frente al otro, en plena sabana, dando lugar a la primera batalla de Carabobo.
Bolívar ha logrado reunir cerca de 5.000 hombres de las tres armas, pero el ejército realista era superior, ya que Cajigal había llegado a San Carlos con más tropas y asumido el mando en jefe. El Mariscal esperó en orden de batalla al Libertador. Trazado el plan y trasmitidas las ordenes, rompe los fuegos Urdaneta a la una de la tarde, llamando la atención con un simulacro de flanqueo por la derecha, esto era un truco, ya que distrajo a Cajigal del principal ataque que se dio por el otro flanco y el centro con el avance de José Francisco Bermúdez, Juan Manuel Valdés y Florencio Palacios. Al comienzo las posiciones se estabilizan, pero después de una hora de intenso y vivo fuego, el centro realista cede posiciones.
Cajigal echa mano de lo mejor que tenía los Carabineros de Granada, a proteger dicha posición y logra sujetar por momentos el empuje patriota. En respuesta a esto Bolívar ordena a Santiago Herrera que la caballería de José Gregorio Monagas, Juan Joséfo Rondón y Lucas Carvajal ataque a los carabineros granadinos mientras la artillería patriota de Diego Jalón logra con éxito colocar varios proyectiles en el mismo sitio donde estaba Cajigal con su Estado Mayor, haciéndolos cambiar de sitio con frecuencia con el natural desasosiego que esto ocasionaba. La caballería oriental entra en acción atacando de frente, el combate se generaliza por ambas partes, tras un terrible combate empiezan a retroceder, arrastrando con ello a la infantería realista que rompe filas y huye en medio del pánico hasta que, lanceados, los Carabineros de Granada se resienten, se desordenan, y retroceden.
A las seis de la tarde la batalla termina y Cajigal intenta organizar una retirada ordenada, cosa que le es impedido por la caballería republicana que ataca a su comitiva desde todos lados. El mariscal y su Estado Mayor apenas logran escapar con unos pocos hombres.
Tras su derrota, Ceballos huyo al oeste y Cajigal escapo a Apure, pero este último le otorgó amplios poderes a Boves para que este continuará su campaña, sin embargo, aquel optó por retirarse a los Llanos a conseguir refuerzos y apertrechar a sus tropas. Los realistas había sufrido la pérdida de 300 vidas, 500 a 700 heridos, 1.100 prisioneros, 500 fusiles, 7 cañones, el parque completo, cajas de guerra, 8 banderas, caballos, ganados y archivos personales de Cajigal. Los patriotas tuvieron 12 muertos y 40 heridos, aunque la cifra real posiblemente sea unas diez veces mayor.
La batalla pudo ser decisiva para la independencia venezolana pero Bolívar en vez de avanzar contra el Guárico para acabar con la rebelión de los llaneros con todo su ejército, lo que era la decisión más sensata, optó por dividirlo: encargó al general Rafael Urdaneta con 700 infantes marchar al Occidente, a una división al mando del general Diego Jalón de 400 infantes y 600 jinetes ir tras Cajigal y Ceballos para impedir que pudieran apoyar a Boves, él mismo decidió ir hacia Valencia y José Félix Ribas fue enviado por refuerzos a Caracas y acantonó en Aragua a Santiago Mariño con 3.000 hombres. Este acampó en Villa de Cura, desde donde podía atacar los Llanos, bastión realista. Mientras José Tomás Boves partió con un poderoso ejército desde Calabozo en una campaña que terminaría en la Segunda Batalla de La Puerta. Entre tanto, Cajigal y La Calzada se refugiaban en Apure y reunían 3.000 llaneros para volver al centro venezolano a ayudar a Boves. Ceballos aprovecharía para reconstruir lentamente sus fuerzas en su bastión de Coro.
El día 20 se presentan éstos frente a Valencia, pero se retiran, apresuradamente sin dar batalla al aparecer el ejército patriota. Esta negación de Cajigal para atacar Valencia se debío a su deseo de esperar unir fuerzas con los llaneros de Boves.
El 25 de mayo una columna del Ejército de Oriente toma la población de Valle de La Pascua, y conociendo los realistas que Bolívar ha salido de Valencia, deciden dar la batalla final pensando que este ejército se ha dividido. Ambas fuerzas se mueven buscando posiciones ventajosas. Bolívar salió el 26 de ese mes con cinco divisiones y con toda la caballería que había en la ciudad y el 28 de mayo se forman en orden de combate uno frente al otro, en plena sabana, dando lugar a la primera batalla de Carabobo.
Bolívar ha logrado reunir cerca de 5.000 hombres de las tres armas, pero el ejército realista era superior, ya que Cajigal había llegado a San Carlos con más tropas y asumido el mando en jefe. El Mariscal esperó en orden de batalla al Libertador. Trazado el plan y trasmitidas las ordenes, rompe los fuegos Urdaneta a la una de la tarde, llamando la atención con un simulacro de flanqueo por la derecha, esto era un truco, ya que distrajo a Cajigal del principal ataque que se dio por el otro flanco y el centro con el avance de José Francisco Bermúdez, Juan Manuel Valdés y Florencio Palacios. Al comienzo las posiciones se estabilizan, pero después de una hora de intenso y vivo fuego, el centro realista cede posiciones.
Cajigal echa mano de lo mejor que tenía los Carabineros de Granada, a proteger dicha posición y logra sujetar por momentos el empuje patriota. En respuesta a esto Bolívar ordena a Santiago Herrera que la caballería de José Gregorio Monagas, Juan Joséfo Rondón y Lucas Carvajal ataque a los carabineros granadinos mientras la artillería patriota de Diego Jalón logra con éxito colocar varios proyectiles en el mismo sitio donde estaba Cajigal con su Estado Mayor, haciéndolos cambiar de sitio con frecuencia con el natural desasosiego que esto ocasionaba. La caballería oriental entra en acción atacando de frente, el combate se generaliza por ambas partes, tras un terrible combate empiezan a retroceder, arrastrando con ello a la infantería realista que rompe filas y huye en medio del pánico hasta que, lanceados, los Carabineros de Granada se resienten, se desordenan, y retroceden.
A las seis de la tarde la batalla termina y Cajigal intenta organizar una retirada ordenada, cosa que le es impedido por la caballería republicana que ataca a su comitiva desde todos lados. El mariscal y su Estado Mayor apenas logran escapar con unos pocos hombres.
Tras su derrota, Ceballos huyo al oeste y Cajigal escapo a Apure, pero este último le otorgó amplios poderes a Boves para que este continuará su campaña, sin embargo, aquel optó por retirarse a los Llanos a conseguir refuerzos y apertrechar a sus tropas. Los realistas había sufrido la pérdida de 300 vidas, 500 a 700 heridos, 1.100 prisioneros, 500 fusiles, 7 cañones, el parque completo, cajas de guerra, 8 banderas, caballos, ganados y archivos personales de Cajigal. Los patriotas tuvieron 12 muertos y 40 heridos, aunque la cifra real posiblemente sea unas diez veces mayor.
La batalla pudo ser decisiva para la independencia venezolana pero Bolívar en vez de avanzar contra el Guárico para acabar con la rebelión de los llaneros con todo su ejército, lo que era la decisión más sensata, optó por dividirlo: encargó al general Rafael Urdaneta con 700 infantes marchar al Occidente, a una división al mando del general Diego Jalón de 400 infantes y 600 jinetes ir tras Cajigal y Ceballos para impedir que pudieran apoyar a Boves, él mismo decidió ir hacia Valencia y José Félix Ribas fue enviado por refuerzos a Caracas y acantonó en Aragua a Santiago Mariño con 3.000 hombres. Este acampó en Villa de Cura, desde donde podía atacar los Llanos, bastión realista. Mientras José Tomás Boves partió con un poderoso ejército desde Calabozo en una campaña que terminaría en la Segunda Batalla de La Puerta. Entre tanto, Cajigal y La Calzada se refugiaban en Apure y reunían 3.000 llaneros para volver al centro venezolano a ayudar a Boves. Ceballos aprovecharía para reconstruir lentamente sus fuerzas en su bastión de Coro.
1810: Juan Vicente González

Juan Vicente González Delgado (Caracas, Venezuela, 28 de mayo de 1810 (estimada) - Caracas, 1 de octubre de 1866) fue un periodista y escritor venezolano. Se le considera como el primer escritor romántico que tuvo Venezuela en el siglo XIX.
No se han podido determinar quienes fueron sus padres, ni la fecha
exacta de su nacimiento, por lo cual esta es estimada. Algunas personas
afirman que nació en 1808, pero otras opinan que fue en 1810. Se dice
que fue abandonado en la casa de Francisco González, realista que lo
adoptó y le dio su apellido. Su permanencia allí dura muy poca, el hado benefactor que siempre le acompañó hace cambiar la fortuna del niño y es así como aparecerá a cargo de una honorable dama patriota que respondía al nombre de Josefa Palacios Obelmejías, viuda de Pedro de la Vega el que había sido víctima del sanguinario Rosete en 1814. Es a esta buena señora, doña Josefa Palacios Obelmejías, a quien retrata Juan Vicente González cuando recuerda a una mujer que amaba al pobre y era la compañera de la gente sufrida,
Hizo sus primeros estudios con el sacerdote
José Alberto Espinoza, quien fue su protector y consejero en sus
primeros años de vida. Interno en el presbiterio de los Neristas durante
su infancia, realizó estudios de teología
y sagrados cánones; pero por motivos que se ignoran, al final no
culminó su carrera eclesiástica. Recibe el grado de Bachiller en 1828 y
entra en la Universidad de Caracas para cursar la carrera de
Licenciatura en Filosofía. Durante sus estudios universitarios contó con la ayuda del Padre José Cecilio Ávila. Se graduó en el año 1830 con buenas calificaciones.
En 1827 cuando el Libertador Simón Bolívar regresó por última vez en vida a su patria, para impedir la separación de la Gran Colombia
fue recibido con un homenaje en la Universidad de Caracas. En el
recinto universitario Juan Vicente González, siendo adolescente, se
encontró con el prócer, momento que quedaría grabado en su existencia en
lo sucesivo.
A los 28 años, contrajo matrimonio con Josefa Rodil y para costear
sus gastos en su nuevo estado civil daba clases de gramática e historia
en colegios particulares.
En 1849, fundó en Caracas el colegio "El
Salvador del Mundo". Un año antes fue nombrado Diputado por Caracas
al Congreso, por lo que fue testigo ocular del sangriento allanamiento
que hicieron las tropas del gobierno, al recinto del Parlamento, matando
e hiriendo a varios congresistas.
Tras la separación de Venezuela de la Gran Colombia, en el año de 1830,
González empieza a participar en la vida política del país. Al inicio
fue miembro del partido liberal, pero luego se cambió para el partido
conservador en el cual militó hasta el final de su vida.
Durante este periodo también comienza una fuerte educación literaria con tendencia al romanticismo y ya a partir de 1830, es un lector de escritores franceses como Alphonse de Lamartine, François-René de Chateaubriand, Jules de Michelet, Víctor Hugo, Alejandro Dumas y los españoles José Zorrilla y Moral y el Duque de Rivas.
Siendo hombre de ideas conservadoras, no encontró favorable a la Revolución de Marzo de 1858, que llevó al poder a Julián Castro, Manuel Felipe Tovar y Fermín Toro. Tampoco se sintió atraído por la Revolución Federal.
Desde el periódico "El Heraldo" y otras publicaciones, combatió a los
regímenes de fuerza. Eso disgustó a muchos gobernantes. Estuvo a punto
de ser deportado en 1861, pero gracias a las diligencias de Pedro Gual, Presidente de la República, por breve tiempo esto pudo ser evitado. También hizo oposición a la dictadura del General José Antonio Páez, lo que le valió un encierro de tres meses en la cárcel de La Guaira.
Al ser libertado, gracias a los buenos oficios de algunos masones,
reincidió en sus críticas violentas al gobierno. El General Páez
molesto, volvió a enviarlo a la cárcel, esta vez en la prisión de "La
Rotunda". Allí escribió su "Manual de Historia Universal", que es el
primero de sus libros conocidos.
Al triunfar los ejércitos del Mariscal Juan Crisóstomo Falcón
en la Guerra Federal, vio con simpatía a este militar y líder masón, lo
cual no impidió que de vez en cuando le dedicara también algunos
ataques periodísticos. A pesar de las pasiones políticas que le
animaban, González era considerado un personaje muy honesto, noble y
amante de la verdad. Esto quedó demostrado con la biografía muy
favorable que escribió sobre Juan Crisóstomo Falcón, no obstante que se
declaró una vez más su adversario.
Entre sus obras figuran la biografía del prócer José Félix Ribas,
"Las Mesenianas", un conjunto de elegías en prosa, "Ecos de las
Bóvedas" y la obra que quedara inconclusa "Historia del Poder Civil". En
el campo de la poesía, Juan Vicente González publicó numerosos
trabajos, destacando su soneto "A Bolívar".
En el periodismo, consiguió fama por su talento y virulencia en la
crítica. Fue fundador de los medios impresos "El Venezolano", "El Diario
de la tarde" y "El Heraldo" y editorialista de algunos de estos medios
incluyendo "La Prensa", lo que provocaría polémicas con periodistas
identificados con el movimiento liberal tales como Felipe Larrazabal,
Estaislao Rendón, Guillermo Tell Villegas, Tomás Lander y Rafael Arvelo.
Un año antes de su fallecimiento, estableció la publicación "Revista
Literaria".
Actividad Literaria
Entre los proyectos que concibió Juan Vicente González como
historiador, uno de los más importantes fue el de escribir una serie de
biografías de personajes venezolanos, que presentaran las
características más resaltantes de la época en que vivieron, desde la
Colonia, pasando por la Independencia y la época que se inicia en 1830.
La obra la titularía Historia del Poder Civil en Colombia y Venezuela.
Sólo llegó a publicar las biografías de José Manuel Alegría (1856),
José Cecilio Ávila (1858), Martín Tovar Ponce, y la de José Félix Ribas
(ambas sin fecha), considerada la más importante. Estas biografías las
escribe en diversas épocas de su activa vida literaria.
En 1835, escribe sus Epístolas Catalinarias sobre el 8 de julio donde ataca y combate el caudillismo. En 1841 escribe el Compendio de Gramática Castellana. En 1842, publica el poema “Mis Exequias a Bolívar”. En 1843, presenta Elementos de Ortología Castellana.
En 1846 escribe "Las Mesenianas", un libro de pequeños poemas en
prosa, cuyo título está tomado de las elegías que sobre Mesania, una
región de Grecia, escribieron el abate francés Barthélemy Mercier de Saint-Léger y el poeta, también francés, Casimir Delavigne.
Las elegías que integran la obra tratan de muy diversos temas, pero
todas tienen en común la preocupación por lo venezolano, la exaltación
de los valores patrios y el culto a los héroes; además, todas muestran
la profunda tristeza con que el autor fue testigo de los conflictos que,
en los últimos años de su vida, afectaban a su patria.
En 1851 es publicado el Análisis ideológico de los tiempos de la Conjugación castellana de Andrés Bello con notas explicativas de González. Ese año traduce del latín la Epistula ad Pisones, más conocida como Arte poética del poeta latino Quinto Horacio Flaco. Al año siguiente, edita el Curso de Literatura Española, precedido de un ensayo sobre la literatura de la Edad Media, además de El baile en Caracas, una sátira en versos (1854) y Elementos de la Gramática latina (1855), que es una traducción de la obra Méthode pour étudier la langue latine del filólogo francés Jean-Louis Burnouf.
En 1861, estando preso en los calabozos de La Guaira, escribe Un Manual de Historia Universal, sin referencia de ningún tipo. También compone a su vez el Eco de las Bóvedas,
libro sobre la situación bélica del país en ese tiempo. En 1863
publica, por entregas, la segunda parte de su manual de historia
universal. En 1865 funda su «Revista Literaria», escribe artículos de
críticas y traduce a los poetas universales. Es su última obra donde
aparecen sus primeros trabajos de corte ensayístico.
Fallecimiento
Tras el triunfo de Juan Crisóstomo Falcón en la Guerra Federal,
González se dedica a la literatura bajo la protección de este caudillo.
Juan Vicente González muere el 1 de octubre de 1866 después de soportar una gangrena y una arterioesclerosis.
Listado de Obras
(1835)
- Compendio de Gramática Castellana (1841)
- Mis exequias a Bolívar (poema, 1842)
- Elementos de Ortología Castellana (1843)
- Curso de Literatura Española (1852)
- El baile en Caracas (1854)
- Elementos de la Gramática Latina (traducción, 1855)
- Biografía de José Manuel Alegría (1856)
- Historia del Poder Civil en Colombia y Venezuela (1856-1870)
- Biografía de José Cecilio Ávila (1858)
- Biografía de Martín Tovar Ponce
- Biografía de José Félix Ribas
- Un Manual de Historia Universal (1861)
- Eco de las bóvedas (1861)
- Manual de Historia Universal, Segunda Parte (1863)
1945: Araguaney arbol Nacional.
EL 29 de mayo de 1945, se declara el araguaney como Árbol nacional. El
Araguaney (Tabebuia Chrysantha), También conocido popularmente como
acapro, curarí, araguán cañada, flor amarilla o puy. Su designación
científica viene dada por los vocablos tabubaia, de origen indígena,
crhysantha, de origen griego.
Su longitud varía entre seis y doce
metros, y suele crecer en bosques deciduos de ambientes secos, en bordes
de sabanas, valles o lomas áridas, en alturas de hasta 1.200 metros. De
hecho, su floración sucede principalmente entre los meses de sequía,
febrero y abril.
Su tronco, se unos 60 centímetros de
diámetro, que puede crecer indistintamente tanto derecho como torcido,
se considera una de las maderas más duras y pesadas del continente
americano, al punto que suele usarse para postes y durmientes de los
rieles de ferrocarriles.
Fue declarado árbol nacional el 29 de
mayo de 1945, en virtud de lo cual fue limitada su tala y preferida su
siembra a la de otras especies y, gracias a ello, hoy es posible
encontrarlo en todo el territorio nacional. Decía el gran novelista
venezolano Rómulo Gallegos que “en el período de la floración todo el
campo, todos los caminos, toda la geografía patria parece rendir
pleitesía a la belleza de este árbol que luce en el bosque, a lo largo
de nuestros caminos, en el interior de nuestras viviendas, como una
diadema de oro. Es que el araguaney se hizo emblema del pueblo
venezolano”.
El decreto mediante el cual se escogió
el árbol nacional fue firmado por Luis Beltrán Prieto Figueroa, ministro
de Educación, y Ricardo
Montilla, ministro de Agricultura y Cría, argumentando que “el
araguaney está caracterizado por la belleza ejemplar de su formación y
de su floración amarilla, por ser uno de los árboles verdaderamente
autóctonos de nuestros bosques, tener su área de distribución
circunscrita al territorio nacional y ser propio de todas las zonas y
climas del país”.
Adicionalmente, se eligió el 29 de mayo “por cuanto
ninguna oportunidad es más apropiada que la celebración de la Fiesta del
Árbol para comunicar la designación de araguaney como emblema florar
de Venezuela, respondiendo así al propósito de crear y fomentar el
vínculo fraternal que emerge del propio suelo de cada país y se consagre
en un jardín internacional de noble y elevado simbolismo.
En el año 1952 el Gobierno nacional
presidido por Marcos Pérez Jiménez decidió establecer árboles
emblemáticos en los distintos estados del país, para lo cual se crearon
una comisión nacional y las correspondientes comisiones estatales. El
Propósito era seleccionar el árbol de cada estado tomando en cuenta su
valor histórico y económico, con el objeto de que fuera el prototipo de
la cultura de lugar, embelleciera, mejorara el ambiente y creara
conciencia conservacionista.
1778: General Jacinto Lara
Juan Jacinto Lara Meléndez (Carora, 28 de mayo de 1778 - Barquisimeto, 25 de febrero de 1859) fue un militar venezolano que luchó por la independencia de las entonces colonias españolas de América del Sur, desde 1810 en Caracas hasta 1824 en Ayacucho.
Jacinto Lara nació el 28 de mayo de 1778 en Carora, ciudad situada en la región centro-occidental del estado que actualmente se llama "Lara" en su honor. Sus padres fueron el español Miguel de Lara y la venezolana Juana Paula Meléndez. En su juventud se dedicó al comercio de ganado vacuno en los llanaos de Barinas, realizando comercio de ganado desde los llanos hacia la ciudad de Caracas, en el desempeño de estas labores, se hizo amigo de José Tomás Boves hasta que este último optó por el bando realista en la Guerra de Independencia. Mientras se dedicó al comercio y la agricultura logró amasar una pequeña fortuna que posteriormente destinó para impulsar la causa independentista
En 1810, al iniciarse los acontecimientos del 19 de abril se adhiere a los jóvenes revolucionarios de la Sociedad Patriótica de Caracas y se incorpora a las milicias de Araure y Ospino siendo posteriormente nombrado comandante. También integró la Sociedad Patriótica.
Al año siguiente entró en combate bajo las órdenes del general Francisco de Miranda en la batalla de Cerro del Morro contra los insurrectos de la ciudad de Valencia, Venezuela; batalla en la que las tropas de Miranda salieron vencedoras. Luchó también en la batalla del asedio de San Carlos, Venezuela.
En 1812 es nombrado teniente coronel y pasa a servir bajo las órdenes de Simón Bolívar y al año siguiente toma parte en la batalla de Cúcuta contra el coronel Ramón Correa. Junto a Bolívar participa en la Campaña Admirable destacando en los combates de Niquitao, Los Horcones y Taguanes, producidos todos ellos en el mes de julio de ese año, días 2, 11 y 31 respectivamente. Siguió con el Libertador participando en el sitio a Puerto Cabello y en las batallas de Batalla de Bárbula, Trincheras y Vigirima.
En 1814 toma parte en la primera batalla de Carabobo, el 28 de mayo el día que cumplía 36 años, para seguidamente, bajo las órdenes del general Rafael Urdaneta, seguir en las operaciones en el occidente del país. Participa en la retirada hasta la Nueva Granada, donde el mando de las fuerzas de Urdaneta es asumido por Bolívar, y marchan hasta Santafé de Bogotá a luchar contra Manuel Bernardo Álvarez concluyendo la operación en diciembre de ese mismo año.
Cuando en 1815 Bolívar viaja a las Antillas, Lara se queda en Nueva Granada hasta la llegada de Pablo Morillo y, en compañía de un grupo de republicanos se suma a las fuerzas del general José Antonio Páez que se encontraban en los llanos de Apure.
Junto con José Antonio Páez participó en los episodios de El Yagual y Mucuritas. Logró el rango de coronel en 1817. Se vio envuelto en los episodios de las Misiones del Caroní que terminaron con la ejecución de 22 monjes capuchinos originarios de catalanes.
En los años siguientes, 1815 y 1816, Jacinto Lara se destaca en la toma de San Antonio de Apure y Mucuritas.
En reconocimiento de las acciones acometidas durante las operaciones de la conquista de Guayana, en la que participó bajo las órdenes del general Manuel Piar y del propio Bolívar es ascendido a general en 1817. Otra vez bajo las órdenes del Libertador participa en la campaña del Centro que se malogra a consecuencia de la derrota en la batalla de La Hogaza el 2 de diciembre de 1817.
Acompañó al Libertador en la derrota de Pablo Morillo en Calabozo en 1818. Al lado del general Francisco de Paula Santander venció a Carlos Tolrá, favorito del Virrey Samano, en Casanare en 1819 donde Jacinto Lara desempeñó el cargo de subjefe del Estado Mayor del Ejército Libertador. Ese mismo año Bolívar le encarga una campaña sobre Maracaibo que es abortada por el Armisticio de Trujillo.
Sirvió como jefe de Estado Mayor General y en 1821 fue gobernador de Santa Marta y Cartagena de Indias.
En Perú
En 1822 se traslada a Perú, ya como general de brigada, para participar en la Campaña del Sur junto con general Manuel Valdés integrando la división colombiana auxiliar del Perú. En 1824 participa, bajo las órdenes de Antonio José de Sucre, en la batalla de Junín. Después de la misma se le asciende a general de división de retaguardia del ejército y, seguidamente, participa en la batalla de Corpahuaico que le convirtió en héroe al salvar a los batallones Rifles, Vencedor y Vargas.
El 9 de diciembre de 1824 toma parte en la decisoria batalla de Ayacucho donde mandaba la división de reserva del Ejército Unido. Sus acciones en Ayacucho le permitieron obtener el grado de general de división. En 1825 es nombrado Comandante General e Intendente de Cuzco, Arequipa y Ayacucho. Lara fue la única figura que participó durante toda la lucha emancipadora que se inició en Caracas en 1810 y que culminó en Perú en 1824. También ostentó el título de comandante de la división colombiana auxiliar del Perú.
En 1822 se traslada a Perú, ya como general de brigada, para participar en la Campaña del Sur junto con general Manuel Valdés integrando la división colombiana auxiliar del Perú. En 1824 participa, bajo las órdenes de Antonio José de Sucre, en la batalla de Junín. Después de la misma se le asciende a general de división de retaguardia del ejército y, seguidamente, participa en la batalla de Corpahuaico que le convirtió en héroe al salvar a los batallones Rifles, Vencedor y Vargas.
El 9 de diciembre de 1824 toma parte en la decisoria batalla de Ayacucho donde mandaba la división de reserva del Ejército Unido. Sus acciones en Ayacucho le permitieron obtener el grado de general de división. En 1825 es nombrado Comandante General e Intendente de Cuzco, Arequipa y Ayacucho. Lara fue la única figura que participó durante toda la lucha emancipadora que se inició en Caracas en 1810 y que culminó en Perú en 1824. También ostentó el título de comandante de la división colombiana auxiliar del Perú.
Posteriormente por sus labores el Congreso Peruano le confirió el grado de General de los Ejércitos de aquella República.
El 26 de enero de 1827 es arrestado en Lima, donde ejercía el cargo de comandante de la división colombiana auxiliar del Perú, al triunfar allí un movimiento contra bolivariano promovido por el entonces vicepresidente de la Gran Colombia, Francisco de Paula Santander. Permanece en la prisión de El Callao hasta el 30 de enero cuando es embarcado y enviado a Colombia, donde llegaría el 9 de febrero al puerto de Buenaventura, el 20 del mismo mes es puesto en libertad. De vuelta en Venezuela ejerce los cargos de intendente y comandante general del departamento del Zulia y comandante general del departamento del Orinoco en 1828.
En 1829 se casó con Nemecia Urrieta y regresó a Carora donde se dedicó a
trabajar la tierra. Se desempeñó de nuevo como comerciante y ganadero y
gracias a su trabajo adquirió dos hatos llamados la "Cabra" y
"Quediches". Una vez separada Venezuela de la Gran Colombia, Lara se
apartó de la vida pública; aunque volvió a la misma para ejercer la
gobernación de la provincia de Barquisimeto entre los años 1843 y 1847.
En sus últimos años de vida hubo un episodio que reveló su espíritu
cívico; durante un pleito limítrofe entre su hato Quediches y el de un
vecino, los tribunales decidieron en su contra y no se le ocurrió
recurrir a sus glorias militares para imponerse por la fuerza o revertir
la sentencia, sencillamente la acató
El 25 de febrero de 1859, con 81 años de edad muere en Barquisimeto.
El 25 de febrero de 1859, con 81 años de edad muere en Barquisimeto.
La faceta del general Lara como hombre público en funciones de
administrador fue reconocida por sus jefes y principalmente por Bolívar,
quien lo definió como “muy justo y exacto” en sus
operaciones administrativas.
En 1881 se convirtió en héroe epónimo mediante un
decreto dictado por la Asamblea Legislativa. Sus restos yacen en el Panteón Nacional de Venezuela desde el 24 de julio de 1911.
“Uno de mis primeros cuidados ha sido siempre el conservar
las tropas de mi mando en todo el rigor de la disciplina militar”.
Jacinto Lara
Distinciones
Jacinto Lara obtuvo muchas condecoraciones y distinciones, entre ellas destacan la de la "Orden de los Libertadores de Venezuela" y el escudo "Busto del Libertador".
Es héroe epónimo del Estado Lara según el decreto dictado por la Asamblea Legislativa en 1881.
La Plaza Jacinto Lara es un espacio público localizado en la ciudad de Barquisimeto. Se ubica entre la Iglesia de San Francisco de Asís y el Ateneo de Barquisimeto, en la Carrera 17, entre calles 22 y 23.
El Aeropuerto Internacional Jacinto Lara de Barquisimeto.
Todos los años, el Liceo Jacinto Lara del municipio Palavecino realiza un desfile con la banda de esta institución para rendirle honores a este prócer.
En Lima (Perú) se honra su memoria con una avenida y una calle en el distrito de San Isidro.
1924: Jaime Lusinchi
Jaime Ramón Lusinchi (Clarines, Anzoátegui, 27 de mayo de 1924 - Caracas, Venezuela, 21 de mayo de 2014)1 fue un médico pediatra y dirigente político venezolano. Fue Presidente de la República durante el período constitucional 1984-1989 y Senador Vitalicio de la República entre 1989 y 1993.
Médico pediatra, dirigente político y Presidente de la República durante el período 1984-1989. Hijo de María Angélica Lusinchi, de descendencia italo-corsa. Su infancia transcurre en Puerto Píritu. Aprende a leer de la mano de María An-gélica Contreras de la Riva y luego ingresa a la Escuela Federal Graduada Ezequiel Zamora para iniciar estudios formales. Se traslada junto a su familia a la capital del estado, ingresa a la secundaria en el Colegio Federal de Barcelona, recibiendo clases de Historia y Filosofía de la mano de Antonio Léidenz, quien lo incorpora en la lucha política, trabajando conjuntamente con el Partido Democrático Nacional (PDN), antecesor de lo que sería desde 1941 Acción Democrática (AD).
Durante sus años de estudiante universitario, se destaca en la actividad política, siendo, secretario del Consejo Escolar de Medicina de la Universidad Central de Venezuela (UCV), vicepresidente de la Asociación de la Juventud Venezolana (AJV) y vicepresidente de la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV). El 20 de septiembre de 1947, Jaime Ramón Lusinchi se gradúa de médico en la UCV, con la tesis Hipertensión en obreros del Seguro Social, como parte de la promoción Domingo Luciani. Durante esta época contraerá nupcias con Gladys Castillo, con quien tendrá 5 hijos. Se especializa en el área de pediatría. Cursando postgrado en la Universidad de Buenos Aires, en la cátedra del profesor Juan P. Garran, 1952, Universidad de Santiago de Chile, con el profesor Arturo Scroogie, 1952-1956 y en la Universidad de Nueva York, entre 1957 y 1958.
Médico pediatra, dirigente político y Presidente de la República durante el período 1984-1989. Hijo de María Angélica Lusinchi, de descendencia italo-corsa. Su infancia transcurre en Puerto Píritu. Aprende a leer de la mano de María An-gélica Contreras de la Riva y luego ingresa a la Escuela Federal Graduada Ezequiel Zamora para iniciar estudios formales. Se traslada junto a su familia a la capital del estado, ingresa a la secundaria en el Colegio Federal de Barcelona, recibiendo clases de Historia y Filosofía de la mano de Antonio Léidenz, quien lo incorpora en la lucha política, trabajando conjuntamente con el Partido Democrático Nacional (PDN), antecesor de lo que sería desde 1941 Acción Democrática (AD).
Durante sus años de estudiante universitario, se destaca en la actividad política, siendo, secretario del Consejo Escolar de Medicina de la Universidad Central de Venezuela (UCV), vicepresidente de la Asociación de la Juventud Venezolana (AJV) y vicepresidente de la Federación de Estudiantes de Venezuela (FEV). El 20 de septiembre de 1947, Jaime Ramón Lusinchi se gradúa de médico en la UCV, con la tesis Hipertensión en obreros del Seguro Social, como parte de la promoción Domingo Luciani. Durante esta época contraerá nupcias con Gladys Castillo, con quien tendrá 5 hijos. Se especializa en el área de pediatría. Cursando postgrado en la Universidad de Buenos Aires, en la cátedra del profesor Juan P. Garran, 1952, Universidad de Santiago de Chile, con el profesor Arturo Scroogie, 1952-1956 y en la Universidad de Nueva York, entre 1957 y 1958.

En el orden profesional, entre sus primeras labores se encuentran, el trabajo como médico rural en Cantaura y San Joaquín (Edo. Anzoátegui) entre 1947-1948, médico del hospital de la empresa Mene Grande Oil Co, en San Tomé, 1948-1950, médico interno del Hospital de Emergencia de Salas en Caracas, 1950-1952, médico residente extranjero del Hospital de Clínicas de Buenos Aires, 1953, médico de planta del hospital Roberto del Río en Santiago de Chile, 1952-1956, médico residente en la sección de pediatría del Lincoln Hospital y del Centro Médico Universitario Bellevue, Nueva York, 1956-1958, instructor en el Instituto Nacional de Puericultura, así como médico adjunto del servicio de pediatría del Hospital Pérez de León de Caracas, 1958-1968. Presidente de la Federación Médica Venezolana y Miembro de la Sociedad Chilena de Pediatría y de la Academia Americana de Pediatría.

En el ámbito político, Jaime Lusinchi, y y fue Líder de la mayoría parlamentaria de su partido "Acción Democrática", durante 14 años consecutivos. Antes había ocupado importantes posiciones en el Estado Anzoátegui, donde presidiera la Asamblea Legislativa regional durante el corto mandato del Presidente Rómulo Gallegos. Así como ejercido la Presidencia del Concejo Municipal del Distrito Freites, donde se desempeñaba como Médico Rural, recién graduado. fue Líder de la mayoría parlamentaria de su partido "Acción Democrática", durante 14 años consecutivos. Es electo diputado al congreso nacional en 1948 por Acción Democrática, viéndose interrumpido en sus obligaciones, a raíz del golpe de estado que derroca a Rómulo Gallegos el 24 de noviembre de ese mismo año. En 1950, forma parte de los organizadores de la huelga nacional de los trabajadores del petróleo. Tras la consumación del fraude electoral de 1952, y la auto proclamación de Marcos Pérez Jiménez como presidente de Venezuela, fue detenido por la Seguridad Nacional durante 31 días, recibiendo torturas. De allí será trasladado a la Cárcel Modelo, exiliándose al poco tiempo.
El Dr. Lusinchi ocupó posiciones claves en su Partido "Acción Democrática". En 1948 fue escogido como Secretario General en el Estado Anzoátegui. Durante la Resistencia antidictatorial, ocupó la Sub-Secretaría de Prensa y Propaganda, la Sub-Secretaría General Nacional, la Sub-Secretaría y luego la Secretaría Nacional de Organización entre 1951-52, cuando fuera hecho prisionero. Desde 1958 fue electo consecutivamente como integrante del Comité Ejecutivo Nacional del Partido, ejerciendo la Secretaría General Nacional de la institución entre 1982-83.
Tras la caída del gobierno de Pérez Jiménez, el 23 de enero de 1958, Jaime Lusinchi retorna a Venezuela, integra el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de Acción Democrática, y el 7 de diciembre de ese año es electo nuevamente diputado por el estado Anzoátegui, ocupando este cargo hasta 1978, cuando es electo senador. En marzo de 1981, es electo por consenso de su partido, Secretario General, logrando así, un camino más seguro para su candidatura en las elecciones presidenciales de 1983.
Bajo el lema de un gobierno de austeridad y sensibilidad social, Jaime Lusinchi es electo presidente de Venezuela con el 56,72 % de los votos, siendo el presidente de la era democrática con mayor número de votantes. El 2 de febrero de 1984, toma posesión con un parlamento controlado mayoritariamente por el partido de gobierno. Los primeros años de gestión, se caracterizan por tratar de fomentar cierta estabilidad, reactivar la economía, el aumento de los precios petroleros y el refinanciamiento de la deuda externa. Pese a este empuje inicial, la crisis económica en Venezuela, seguiría agudizándose. La disparidad del bolívar con respecto al dólar crecería al igual que la inflación, continuando la economía venezolana con su carácter dependiente y mono productor. Ante esta situación el gobierno de Lusinchi decide reenfocar sus políticas, aumentando salarios, controlando precios y divisas, esto causará tensiones sociales.

En el VII Plan de la Nación, presentado por él mismo el 24 de febrero de 1984, se planteó la estrategia de la construcción de un nuevo pacto social y de la reforma del Estado, para lo cual se constituyó el 26 de diciembre de 1984 la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE), cuyos objetivos incluían, entre otros aspectos compilados, la democratización de los procesos gubernamentales regionales (elección universal, directa y secreta de gobernadores y creación de la figura del alcalde municipal).
Pese a este empuje inicial, la crítica situación económica a principios de su mandato mostraba signos de evidente maltrato por parte de las violentas políticas de devaluación monetaria de su antecesor, Luis Herrera Campíns, conocidas como el viernes Negro del 18 de febrero de 1983 como medida apresurada con el fin de frenar el aumento de la deuda externa, que de 1980 a 1983 pasó de 29.310 millones de dólares a 38.297 millones de dólares, lo que generó un desfalco de más de 700 millones de dólares de las reservas del Banco Central de Venezuela, que llevó en 1983 a un déficit de 4.246 millones de dólares para completar una exigencia de 5.940 millones de dólares, lo que resultaba irónico y a la vez sospechoso en una nación que no contaba diez años de haber nacionalizado la industria petrolera. La disparidad del bolívar con respecto al dólar crecería al igual que la inflación, continuando la economía venezolana con su carácter dependiente y monoproductor. Ante esta situación su gobierno decidió reenfocar sus políticas, aumentando salarios, controlando precios y divisas, causando tensiones sociales. En los últimos años de gobierno, el gasto público era exorbitante, y se trató de crear una ilusoria estabilidad económica mediante la Comisión Nacional de Costos, Precios y Salarios (CONACOPRESA), creada durante por el gobierno con el objeto de regular los precios, vigilar los costos y fijar los salarios.
Este período también fue caracterizado por escándalos de moralidad y abuso de poder. La relación extra-marital del presidente de la República con su secretaria privada Blanca Ibáñez, provocó denuncias en los medios de comunicación, como causa de su notable influencia en las decisiones presidenciales, que alcanzaron el extremo de nombramientos y destituciones de funcionarios públicos, condicionamiento financiero y social a los contratos públicos y selección de ascensos a Generales de la Fuerza Armada, sumados a las Masacres de Yumare (Estado Yaracuy) y El Amparo (Estado Apure), donde fueron asesinados pescadores, confundidos con guerrilleros.
En cuanto a los escándalos de corrupción administrativa, protagonizó la escena el mal manejo del sistema cambiario en la Oficina de Régimen de Cambio Diferencial (RECADI) que incluiría a partidos políticos, como la compra de 65 autos rústicos para la campaña electoral de Acción Democrática con fondos del Estado, la invención de miles de empresas del Estado que nunca existieron con la única finalidad de solicitar dólares preferenciales, el abuso de los más de 50.000 millones de dólares en el pago de la deuda pública externa que nunca se solventó (en 1984 era de más de 27.000 millones de dólares, en su mayoría a ser pagados en corto plazo, más el anuncio de la suspensión de pagos del 2 de enero de 1989); el mal manejo de recursos del Instituto Nacional de Hipódromos y la gran decepción que causó el balance de las reservas del Banco Central de Venezuela, que en diciembre de 1985 eran de 10.251 millones de dólares, y para 1988 eran de apenas 3.092 millones de dólares.
En los últimos años de gobierno, el gasto público es exorbitante, tratándose de crear una ilusoria estabilidad económica. Este período también será caracterizado por escándalos tanto de corrupción, como de moralidad y abuso de poder. La relación extramarital del presidente de la república con su secretaria privada Blanca Ibáñez, provocará denuncias en los medios de comunicación, como causa de su notable influencia en las decisiones presidenciales. Sumándose a esto, casos como la compra de 65 autos rústicos para la campaña electoral de Acción Democrática con fondos del estado, mal manejo de recursos del Instituto Nacional de Hipódromos, las denuncias del mal manejo del sistema cambiario en el organismo RECADI y las Masacres de Yumare (Edo. Yaracuy) y El Amparo (Edo. Apure), donde fueron asesinados presuntos pescadores, confundidos por guerrilleros.
Durante esta gestión de gobierno se construye en Caracas, el Paseo Vargas, el Complejo Habitacional Juan Pablo II, el tramo del Metro de Caracas Zoológico/Las Adjuntas-El Silencio, se erige la Represa del Río Turimiquire (Edo. Monagas), el comienzo de la construcción de la Autopista de Oriente, la fabricación de 331.615 viviendas, así como el inicio de la Comisión para la Reforma del Estado (COPRE), con la cual años después, se lograría la descentralización de las regiones. También durante este período, en 1985, el país recibe por primera vez la visita de un Papa, Juan Pablo II. Y en 1987, la incursión de la corbeta colombiana Caldas en mares venezolanos, puso a prueba la eficacia militar y diplomática de Venezuela ante las naciones vecinas. El gobierno de Jaime Lusinchi, finaliza con gran popularidad, siendo elegido como sucesor, un representante de su mismo partido, algo nunca ocurrido en nuestra historia hasta ese momento, Carlos Andrés Pérez. Lusinchi se incorpora al congreso como senador vitalicio, por su condición de ex presidente, según ordenamiento de la Constitución de 1961.

En el VII Plan de la Nación, presentado por él mismo el 24 de febrero de 1984, se planteó la estrategia de la construcción de un nuevo pacto social y de la reforma del Estado, para lo cual se constituyó el 26 de diciembre de 1984 la Comisión Presidencial para la Reforma del Estado (COPRE), cuyos objetivos incluían, entre otros aspectos compilados, la democratización de los procesos gubernamentales regionales (elección universal, directa y secreta de gobernadores y creación de la figura del alcalde municipal).
Pese a este empuje inicial, la crítica situación económica a principios de su mandato mostraba signos de evidente maltrato por parte de las violentas políticas de devaluación monetaria de su antecesor, Luis Herrera Campíns, conocidas como el viernes Negro del 18 de febrero de 1983 como medida apresurada con el fin de frenar el aumento de la deuda externa, que de 1980 a 1983 pasó de 29.310 millones de dólares a 38.297 millones de dólares, lo que generó un desfalco de más de 700 millones de dólares de las reservas del Banco Central de Venezuela, que llevó en 1983 a un déficit de 4.246 millones de dólares para completar una exigencia de 5.940 millones de dólares, lo que resultaba irónico y a la vez sospechoso en una nación que no contaba diez años de haber nacionalizado la industria petrolera. La disparidad del bolívar con respecto al dólar crecería al igual que la inflación, continuando la economía venezolana con su carácter dependiente y monoproductor. Ante esta situación su gobierno decidió reenfocar sus políticas, aumentando salarios, controlando precios y divisas, causando tensiones sociales. En los últimos años de gobierno, el gasto público era exorbitante, y se trató de crear una ilusoria estabilidad económica mediante la Comisión Nacional de Costos, Precios y Salarios (CONACOPRESA), creada durante por el gobierno con el objeto de regular los precios, vigilar los costos y fijar los salarios.
Este período también fue caracterizado por escándalos de moralidad y abuso de poder. La relación extra-marital del presidente de la República con su secretaria privada Blanca Ibáñez, provocó denuncias en los medios de comunicación, como causa de su notable influencia en las decisiones presidenciales, que alcanzaron el extremo de nombramientos y destituciones de funcionarios públicos, condicionamiento financiero y social a los contratos públicos y selección de ascensos a Generales de la Fuerza Armada, sumados a las Masacres de Yumare (Estado Yaracuy) y El Amparo (Estado Apure), donde fueron asesinados pescadores, confundidos con guerrilleros.
En cuanto a los escándalos de corrupción administrativa, protagonizó la escena el mal manejo del sistema cambiario en la Oficina de Régimen de Cambio Diferencial (RECADI) que incluiría a partidos políticos, como la compra de 65 autos rústicos para la campaña electoral de Acción Democrática con fondos del Estado, la invención de miles de empresas del Estado que nunca existieron con la única finalidad de solicitar dólares preferenciales, el abuso de los más de 50.000 millones de dólares en el pago de la deuda pública externa que nunca se solventó (en 1984 era de más de 27.000 millones de dólares, en su mayoría a ser pagados en corto plazo, más el anuncio de la suspensión de pagos del 2 de enero de 1989); el mal manejo de recursos del Instituto Nacional de Hipódromos y la gran decepción que causó el balance de las reservas del Banco Central de Venezuela, que en diciembre de 1985 eran de 10.251 millones de dólares, y para 1988 eran de apenas 3.092 millones de dólares.
En los últimos años de gobierno, el gasto público es exorbitante, tratándose de crear una ilusoria estabilidad económica. Este período también será caracterizado por escándalos tanto de corrupción, como de moralidad y abuso de poder. La relación extramarital del presidente de la república con su secretaria privada Blanca Ibáñez, provocará denuncias en los medios de comunicación, como causa de su notable influencia en las decisiones presidenciales. Sumándose a esto, casos como la compra de 65 autos rústicos para la campaña electoral de Acción Democrática con fondos del estado, mal manejo de recursos del Instituto Nacional de Hipódromos, las denuncias del mal manejo del sistema cambiario en el organismo RECADI y las Masacres de Yumare (Edo. Yaracuy) y El Amparo (Edo. Apure), donde fueron asesinados presuntos pescadores, confundidos por guerrilleros.
Durante esta gestión de gobierno se construye en Caracas, el Paseo Vargas, el Complejo Habitacional Juan Pablo II, el tramo del Metro de Caracas Zoológico/Las Adjuntas-El Silencio, se erige la Represa del Río Turimiquire (Edo. Monagas), el comienzo de la construcción de la Autopista de Oriente, la fabricación de 331.615 viviendas, así como el inicio de la Comisión para la Reforma del Estado (COPRE), con la cual años después, se lograría la descentralización de las regiones. También durante este período, en 1985, el país recibe por primera vez la visita de un Papa, Juan Pablo II. Y en 1987, la incursión de la corbeta colombiana Caldas en mares venezolanos, puso a prueba la eficacia militar y diplomática de Venezuela ante las naciones vecinas. El gobierno de Jaime Lusinchi, finaliza con gran popularidad, siendo elegido como sucesor, un representante de su mismo partido, algo nunca ocurrido en nuestra historia hasta ese momento, Carlos Andrés Pérez. Lusinchi se incorpora al congreso como senador vitalicio, por su condición de ex presidente, según ordenamiento de la Constitución de 1961.
Durante
su período presidencial, en 1985, el país recibió por primera vez la
visita de un Sumo Pontífice, Juan Pablo II. En 1987, la incursión de
naves colombianas en aguas del Golfo de Venezuela, provocó la llamada
Crisis de la Corbeta Caldas, durante la cual Lusinchi activó los planes
de defensa ante las evidencias de un inminente conflicto bélico con
Colombia, ordenando y comandando la mayor movilización militar realizada
por las Fuerzas Armadas de Venezuela hasta la fecha. Su período
presidencial culminó la noche del 1 de febrero de 1989 cuando entregó la
presidencia de la República al ganador de las elecciones del 4 de
diciembre de 1988 por Acción Democrática, Carlos Andrés Pérez, quien ya
había gobernado al país en el período constitucional 1974-1979.
En 1991, contrae matrimonio con su otrora secretaria privada Blanca Ibáñez, después de un polémico divorcio con Gladys Castillo. En 1993 la Corte Suprema de justicia da luz verde para el procesamiento del ex presidente, tras hallar indicios de corrupción. A raíz de esto, se traslada a Costa Rica y Miami.
En 1991, contrae matrimonio con su otrora secretaria privada Blanca Ibáñez, después de un polémico divorcio con Gladys Castillo. En 1993 la Corte Suprema de justicia da luz verde para el procesamiento del ex presidente, tras hallar indicios de corrupción. A raíz de esto, se traslada a Costa Rica y Miami.
En la noche del miércoles 21 de mayo de 2014, 6 días antes de cumplir 90 años, fue anunciado el fallecimiento del expresidente. Álvaro Lusinchi Castillo, hijo del político, informó que su padre padecía una enfermedad pulmonar y desde varios días antes estaba recluido en terapia intensiva en una clínica de Caracas.
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